viernes, 16 de noviembre de 2007

si sabés perdonar...


Observemos el perdón. Sin perdón, no creo que pueda ser posible la reconciliación.

La palabra perdón significa dejar atrás el odio, renunciar a mantenerse en el deseo de revancha, ir más allá de lo que se espera.
Por mucho que hayamos sufrido injusticias, por muy justificado que sea nuestro odio, si lo mantenemos, nos envenenará. Nuestros corazones se vuelven amargos, nuestra visión se cierra y nuestro amor se marchita. El odio es un mal que hay que eliminar de raíz y tenemos que rogar por la fuerza para perdonar, ya que sólo perdonando a nuestros enemigos podremos sanar. El odio siempre es trágico. Destroza la personalidad y hiere el alma. Es más perjudical para la persona que odia que para la odiada.

El perdón es un acto de amor y quizá el problema es que no tenemos bastante amor. Sabiendo perdonar, podemos movernos hacia la reconciliación. Esta palabra implica un movimiento que vuelve a la unidad, es una búsqueda de la propia integridad personal.




El perdón no se da, se presta, porque un día lo pedirás de vuelta. Quien perdona esta conciente de sus imperfecciones.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es que el odio también tiene mucho de amor, de amor no correspondido... de no aceptar que pasó lo que no queríamos que pasara. Porque no lo espérabamos, porque la confianza se quebró en un abrir y cerrar de ojos, porque desconocemos a la persona que creímos conocer. En todo odio hay una manera de tratar de llevar mejor ese dolor, porque si esa persona no nos importara realmente... no perderíamos el tiempo odiando, ni tomando revancha, ni queriendo que le pase lo peor.

Pero sentimos eso porque en el fondo queremos a esa persona, y nos sentimos estafados... y qué mejor que seguir con nuestra vida, que odiar. Creer que cuanto mas odiemos, mas vamos a lograr superarlo.

Ahi es donde entramos en una rueda que es difícil salir, porque se nos llena de tanto odio el corazón que nos cegamos... y un día terminamos reventando. Pero no por el odio, sino por la tristeza que llevamos dentro y que por no descargar, transformamos en odio. Es la falta de descarga lo que nos lastima, lo que nos reviente por dentro.

Es difícil igualmente no odiar, creo que es algo innato... nos sale naturalmente. Es como un acto de defensa. Y está bien, es lógico que pase. El problema es cuando hacemos de ese acto, toda una vida... porque dejamos de vivir nuestra vida para vivir basándonos en el odio que le tenemos al otro.

Y llega un día en que nos damos cuenta, y todo lo que no descargamos, se vuelve una pesada mochila que cuesta mucho mas que la primera vez liberarse.

Ojalá todos aprendiéramos a perdonar, al menos más rápido, a tiempo. Aunque creo que el primer paso tendría que ser perdonarnos a nosotros, porque también hay un poco de eso. De creer que tenemos algo de culpa por lo que pasó. La culpa está siempre rondando, a veces inconscientemente, a veces consciente... y cargar con ella puede lastimarnos más de lo debido.

En fin... es todo un tema. Pero está bien plantearlo.

Un besop